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A mediados de la década de 1960, Miguel Román Valladares García recorría Europa buscando una máquina.

No podía imaginar entonces que aquella búsqueda terminaría conduciéndolo a San Luis Potosí y que, muchos años después, su apellido estaría indisolublemente ligado a la historia industrial, empresarial, política y periodística de esta ciudad.

Había nacido en Madrid, España, en 1932, y proyectaba incursionar en la industria siderúrgica. Buscaba en Europa maquinaria especializada para fundir y transformar acero, fabricar varilla y desarrollar los productos necesarios para poner en marcha una empresa acerera.

Fue durante aquel recorrido, en Italia, donde ocurrió el encuentro que cambiaría el rumbo de su vida. Coincidió con un funcionario potosino de apellido Vivanco, vinculado al área de desarrollo económico del Gobierno del Estado, quien conoció su proyecto y le habló de San Luis Potosí.

Lo invitó a invertir aquí.

Don Miguel escuchó la propuesta. Viajó a conocer aquella ciudad del centro de México y encontró condiciones para hacer realidad su proyecto.

En 1966 comenzó la construcción de Aceros San Luis.

Dos años después, en 1968, la planta fue inaugurada. Y ese mismo año tomó una decisión todavía más trascendente:

Trajo a toda su familia a vivir a San Luis Potosí.

Lo que había comenzado como una inversión industrial se convirtió en una elección de vida.

Don Miguel no había nacido potosino. Decidió serlo.

EL ACERO QUE AYUDÓ A CONSTRUIR UNA CIUDAD

La llegada de Aceros San Luis coincidió con una etapa decisiva de transformación económica.

Aceros San Luis se convirtió en una de las empresas representativas de aquella etapa de industrialización y el apellido Valladares comenzó a echar raíces en la sociedad potosina. El empresario español que había llegado siguiendo una máquina había encontrado algo mucho más importante:

Un lugar para construir su futuro.

EL HOSTAL DEL QUIJOTE: CUANDO UNA EMPRESA SE CONVIERTE EN RECUERDO

Don Miguel Valladares llegó a San Luis buscando dónde levantar una acerera. Terminó ayudando a construir una ciudad.

«San Luis Potosí comenzaba a consolidar su vocación industrial y aquella empresa siderúrgica se incorporó a una nueva geografía de fábricas, trabajadores, proveedores y familias que fueron modificando el rostro de la capital.» — Expresión San Luis

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Don Miguel fue esencialmente un industrial acerero. Entendía la empresa como inversión y productividad, pero también como generadora de empleos y oportunidades.

Su imaginación empresarial no se detuvo en el acero.

El 15 de septiembre de 1981 abrió sus puertas el Hostal del Quijote, uno de los hoteles más amplios, elegantes y modernos que conoció el San Luis de aquellos años.

Pero definirlo solamente como hotel sería insuficiente.

El Quijote terminó convertido en un escenario de la vida social de la ciudad. Su discotec Dulcinea fue punto de encuentro para generaciones de jóvenes potosinos. Y en El Malandante, su célebre espacio de espectáculos, se presentaban artistas que llegaban a San Luis y sus noches quedaron incorporadas a la memoria de quienes vivieron aquella época.

Hasta el arte formó parte del proyecto. Don Miguel encargó al escultor Joaquín Arias Méndez un Don Quijote de tamaño natural para el establecimiento.

Nada parecía casual.

Quijote. Dulcinea. Malandante.

El empresario nacido en España había construido en San Luis un universo inspirado en la obra más universal de la literatura española.

Décadas después, aquel establecimiento cambiaría de propietarios, crecería y se transformaría hasta convertirse en el actual Holiday Inn San Luis Potosí-Quijote.

Pero la memoria sobrevivió a los cambios. Incluso hoy, dentro del complejo hotelero, existen espacios denominados Malandante I, Malandante II y Don Miguel.

Los edificios cambian. Las empresas cambian. La memoria permanece.

DEL EMPRESARIO AL ALCALDE

El éxito económico pudo haber sido suficiente para cualquier hombre. Para Don Miguel no lo fue.

Decidió participar en el servicio público y entre 1980 y 1982 encabezó el Ayuntamiento de la capital como presidente municipal de San Luis Potosí.

Su familia conserva un dato que define mejor su concepción del poder que cualquier discurso:

Don Miguel donaba íntegramente su sueldo como alcalde. No llegó al gobierno para vivir de él. Llegó para servir.

Y existe un episodio ocurrido durante su administración que retrata extraordinariamente al personaje.

La mañana del miércoles 9 de junio de 1982, San Luis Potosí crecía más rápido que sus calles. Por la polvorienta avenida México transitaban diariamente habitantes de colonias como Industrial Mexicana, La Popular, La Ferrocarrilera y El Montecillo.

La vialidad necesitaba ser pavimentada. Era una obra pública y correspondía al gobierno financiarla. Pero los recursos eran insuficientes.

Don Miguel tomó entonces una decisión excepcional:

Aportó dinero de su propio patrimonio para contribuir a pavimentarla. No era dinero del Ayuntamiento. Era suyo. Y lo puso al servicio de personas a quienes probablemente nunca conocería.

UNA MANERA DISTINTA DE ENTENDER EL PODER

El Ayuntamiento dejó constancia de aquella aportación y reconoció públicamente el gesto.

Sin embargo, su importancia no puede medirse únicamente en pesos ni en metros de pavimento. Lo extraordinario estaba en la filosofía que había detrás.

Administrar honestamente los recursos públicos constituye una obligación de cualquier gobernante. Desprenderse además de los recursos propios para resolver una necesidad colectiva pertenece a otra dimensión del servicio público.

En Don Miguel, aquella acción no parece haber sido excepcional dentro de su conducta. Era consecuente con el hombre que, según recuerdan sus descendientes, donaba también el sueldo que recibía como presidente municipal.

Empresario y alcalde parecían responder a una misma convicción:

Quien ha recibido mucho de una sociedad también tiene la responsabilidad de devolverle algo.

¿Por qué forma parte de esta edición?

Porque participó en la transformación de San Luis Potosí desde algunos de los espacios fundamentales de una sociedad: industria, empleo, hotelería, gobierno y periodismo. Fundó Aceros San Luis; creó el Hostal del Quijote, convertido en símbolo de una época; encabezó el Ayuntamiento con una concepción del servicio que lo llevó a donar su sueldo y aportar recursos personales para obra pública; y fundó Pulso, Diario de San Luis, institución que permanece en la vida periodística potosina. Nació en Madrid, pero eligió San Luis para construir el proyecto de su vida y terminó dejando aquí una parte fundamental de su legado.

Sus hijos Juan Carlos y Miguel Fernando Valladares García, y su nieto Juan Carlos Valladares Eichelmann, conservan precisamente esa imagen del padre y del abuelo:

Un hombre trabajador. Visionario. Generoso. Y profundamente comprometido con San Luis Potosí.undefined

DESPUÉS DEL PODER, LA LIBERTAD DE INFORMAR

Pero todavía faltaba una de sus obras más trascendentes.

Después de haber producido acero, creado empleos, incursionado en la hotelería y gobernado la ciudad, Don Miguel decidió entrar en un territorio completamente diferente:

El periodismo.

El 30 de agosto de 1988 apareció el primer número de Pulso, Diario de San Luis. Miguel Román Valladares García fue su fundador.

Y su propósito no era simplemente crear otro periódico. Quería construir un medio profesional, moderno y plural; una institución periodística cuyo compromiso fundamental estuviera con San Luis Potosí.

La decisión adquiere una dimensión especial cuando se observa desde la distancia.

Un hombre que había ejercido el poder decidió después crear una institución cuya responsabilidad consistía precisamente en observar, informar y cuestionar al poder.

Pulso sobrevivió a sus fundador y se convirtió en una casa editorial de larga permanencia en la vida potosina.

De aquel proyecto surgirían posteriormente otras expresiones informativas.

Y en 1994, Canal 7 inició sus transmisiones precisamente desde el entonces Hostal del Quijote, enlazando de manera casi simbólica dos de los proyectos que habían formado parte de la visión empresarial de Don Miguel.

EL HOMBRE DETRÁS DEL APELLIDO

La historia de Miguel Román Valladares García podría contarse mediante empresas, cargos y fechas. Pero quedaría incompleta.

Porque detrás del industrial, del hotelero, del alcalde y del empresario periodístico existía el hombre.

Su esposa, Rosa María García de Valladares, Doña Rosita, fue compañera fundamental de aquella historia y posteriormente socia fundadora de Editora Mival, además de desarrollar una reconocida labor altruista.

Sus hijos continuaron distintos capítulos de aquella obra. Y varias generaciones después, el recuerdo de Don Miguel permanece profundamente arraigado dentro de la familia.

Su nieto Juan Carlos Valladares Eichelmann lo ha recordado públicamente con una emoción imposible de fingir. En una comparecencia, al escuchar hablar de las aportaciones de su abuelo a San Luis Potosí, las lágrimas aparecieron.

La escena reveló algo que ningún balance empresarial puede registrar:

El legado más importante de Don Miguel quizá no quedó solamente en las empresas que fundó, sino en el ejemplo que dejó a quienes llevaban su sangre.

Don Miguel con sus hijos

Don Miguel Valladares García, acompañado de sus hijos Miguel Fernando y Pablo, quienes han sabido honrar con trabajo, carácter y visión el legado de una vida dedicada a emprender, construir y servir a San Luis Potosí.

EL HOMBRE QUE LLEGÓ PARA QUEDARSE

Miguel Román Valladares García llegó a San Luis Potosí buscando dónde construir una acerera. Terminó ayudando a construir mucho más.

Construyó industria. Generó empleos. Creó espacios que forman parte de la memoria social de la ciudad. Gobernó la capital. Donó su sueldo. Puso dinero de su patrimonio para realizar obra pública. Fundó un periódico. Y convirtió a San Luis Potosí en el hogar de su familia.

Su vida transitó por distintos territorios:

  • Acero.

  • Hotelería.

  • Gobierno.

  • Servicio.

  • Periodismo.

Todos terminaron conduciendo al mismo lugar: San Luis Potosí.

Por eso su condición de español de nacimiento no disminuye su pertenencia a esta historia. La engrandece.

«Miguel Román Valladares García nació en Madrid en 1932 y llegó a San Luis Potosí siguiendo un proyecto industrial. Aquí fundó Aceros San Luis, incursionó en la hotelería, gobernó la capital y creó Pulso, Diario de San Luis. Su extraordinaria generosidad lo llevó a donar su sueldo como alcalde y aportar dinero de su propio patrimonio para realizar obra pública. Don Miguel Valladares no nació potosino: eligió esta tierra para vivir, emprender, servir y dejar su legado.»

Porque existen lugares que recibimos al nacer y otros que elegimos conscientemente para entregarles nuestra vida.

Miguel Román Valladares García eligió San Luis Potosí. Y San Luis Potosí terminó haciéndolo suyo.

Quienes lo conocieron todavía expresan una frase sencilla que quizá constituya el mayor reconocimiento que puede recibir un hombre después de su muerte:

«Hacen falta más hombres como Don Miguel.»

Tal vez porque no solamente hizo empresas. Hizo ciudad.

No solamente acumuló patrimonio. Construyó instituciones.

Y no llegó a San Luis Potosí únicamente para invertir. Llegó para quedarse, servir y terminar formando parte de su historia.

Tres generaciones

Tres generaciones de la familia Valladares: don Miguel, su hijo Juan Carlos y su nieto Juan. Una imagen que resume la mayor satisfacción de un patriarca: ver que su nombre, sus valores y su legado permanecen vivos en quienes continúan con dignidad y honradez la historia familiar.

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Don Miguel con sus hijos

Don Miguel Valladares García, acompañado de sus hijos Miguel Fernando y Pablo, quienes han sabido honrar con trabajo, carácter y visión el legado de una vida dedicada a emprender, construir y servir a San Luis Potosí.
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